DEPORTE Y ALCOHOL

Es habitual entre deportistas aficionados celebrar con alcohol entrenamientos, salidas en grupeta o simplemente por la creencia que una cerveza nos hidratará mejor. También estamos acostumbrados que eventos deportivos estén patrocinados por firmas cerveceras y además, en los últimos años, también se han promocionado estudios sobre los beneficios de la cerveza para el deportista ¡Ojo!

El alcohol forma parte de nuestra cultura y cerveza moderada puede aportar mejores beneficios que otras bebidas azucaradas o preparados para deportistas; ahora bien, de ahí a que algunos expertos la recomienden tras el ejercicio resulta peligroso porque es interpretado a la ligera y el abuso puede conllevar problemas muy graves como la Rabdomiolisis inducida por la combinación ejercicio-alcohol.

La Rabdomiolisis es un daño muscular excesivo que puede derivar en necrosis del músculo con liberación de metabolitos y productos de deshecho al torrente sanguíneo, que podría causar arritmias cardíacas y fracaso renal agudo.

Tras un gran esfuerzo el cuerpo se comporta como una “esponja” por su necesidad de recuperar, siendo más susceptible a los efectos negativos del alcohol:

1.- El alcohol retrasa la recuperación muscular, porque impide la absorción de sustancias vitales como el potasio que es esencial para recargar las reservas de glucógeno.

2.- Aumenta el riesgo de sufrir lesiones porque deshidrata al cuerpo e impide que los músculos sean provistos con suficientes nutrientes.

3.- Retrasa la cicatrización, especialmente cuando se producen roturas oseas.

4.- Altera el metabolismo glucosa/insulina, favoreciendo síndromes metabólicos.

5.- Inhibe la liberación de la hormona testosterona (horma de crecimiento), obstaculizando el desarrollo muscular.

6.- Aumenta el cortisol (hormona del estrés) que actúa como reductor muscular favoreciendo el catabolismo.

7.- Altera la calidad del sueño y todo lo que perturbe el sueño debe evitarse.

8.- Aporta calorías vacías y el exceso de éstas es almacenado como grasa corporal.

9.- Contribuye a la deshidratación, gracias a su efecto diurético.

10.- Dilata los vasos sanguíneos y como consecuencia el enfriamiento del cuerpo, que provoca que el organismo necesite más energía para poder mantener sus niveles normales de temperatura.

En síntesis, el alcohol y el deporte no son buenos compañeros. Si te apetece beber alcohol evita hacerlo como primera bebida después de los entrenamientos intensos. El mejor momento para beber alcohol son los días de descanso y con la comida.

Cuanto menos alcohol, mejor.

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